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lunes, 9 de abril de 2012

Llevaba días planeando las vacaciones de Semana Santa para dedicarlas a salir a la mar, sin embargo el tiempo no acompañaba, jueves y viernes con mar de fondo y viento, muy mala mar para dirigirse a los pesqueros que tenia en mente. El sábado empeoró la situación, ya que la lluvia había crecido el río Negro y el agua estaba color chocolate con el puerto e inmediaciones lleno de palos como siempre que hay riada.

Ya estaba dispuesto a resignarme y esperar a una nueva ocasión, pero el domingo apareció con un sol radiante y sin viento. Bajé hasta el puerto a dar una vuelta y la verdad, apetecía salir a disfrutar aunque solo fuese -que no es poco- de la brisa marina.

Me llama por teléfono mi hijo Segis y le comento que el tiempo había mejorado y que por la tarde saldría a la mar, a lo que raudo me contestó que si le esperaba para salir juntos. Hay que ver la afición que tiene mi vástago primogénito ya que estando a cien kilómetros del barco, cuando llegué al puerto ya me estaba esperando.

Embarcamos, preparamos cañas y aparejos y salimos con cuidado, esquivando todos los troncos y ramas que flotaban en el puerto para dirigirnos al pesquero poco a poco, disfrutando del mar que al alejarse de la desembocadura del río el agua estaba mas clara. No importaban tanto las capturas como disfrutar del dia, pero al fin y al cabo íbamos de pesca...

Parece mentira lo que está cambiando el Cantábrico, especies que antes eran extrañas o escasas en este mar, empiezan a ser mas habituales. Los sierras aparecían en verano, pues bien da la impresión que algunos han decidido quedarse aquí todo el año.

Una picada fuerte, una lucha potente y poderosa dobló la caña con fuerza. En la pelea enseguida se apreció que no era una lubina, ya que estas afloran a la superficie para defenderse y este pez parecía empeñado en no dejarse ver. Inexorablemente fue asomando sus fauces poco a poco hasta entrar a la sacadora, su lucha había terminado.


Sierra

Realmente estos peces tienen un aspecto increíble, sus fauces demuestran que son unos superdepredadores del mar, solo hay que fijarse en el tamaño de su boca y en los temibles dientes para darse cuenta que cuando están de caza son implacables. Aunque como no están en la cima de la cadena alimentaria también tienen sus enemigos, el otro día pescamos uno que tenia mordiscos del ataque fallido de algún "bicho" que lo quiso comer.

Seguimos hacia otro pesquero, en busca de nuevas sensaciones, y ya estábamos dispuestos a regresar cuando una soberana picada hizo estremecer nuestro cuerpo, esta vez si -decía Segis- esta vez si.

La lucha fue larga, porque nunca sabes como está enganchado el pez y si se fuerza puede desgarrar o abrir el anzuelo, así que poco a poco, controlando la deriva del barco para arrimar el pez al costado que mas nos conviene. La adrenalina se va acumulando y solo se libera de manera brusca cuando ¡por fin! metemos a bordo un precioso dentón.


Denton

Estos peces son de lo mas esquivos por lo que es difícil capturarlos, como cosa curiosa al sacarlo a bordo vimos que tenía un mógaro en la boca que creo se acababa de tragar, es evidente que lo pillamos en la hora de la merienda.


Mogaro


Segis con el denton

Ponemos rumbo a puerto disfrutando del atardecer y con un rapala moviéndose por la superficie. Las agujas siempre al acecho de todo lo que se mueve enseguida hicieron acto de presencia y no dejaban de mordisquear el cebo.


Aguja

Un desenganche rápido y de nuevo a surcar los mares. Menos suerte tuvo este pequeño abadejo también llamado ferrete que tragó de tal forma que fue imposible desengancharlo sin herirlo de muerte, lo siento por él.



Ferrete

Decidimos dar por finalizada la jornada, así que aumentamos la velocidad para dirigirnos a puerto, una vez dentro del mismo, nos avisan que hay una lancha de madera averiada y que viene remando, así que salimos a buscarle, porque tirar de una embarcación de 6 metros de madera, con el peso del motor y el mar que se había levantado -las olas ya eran de unos dos metros- no creo que sea plato de gusto. Así que ya se sabe hoy por ti, mañana por mi. Así es la mar.