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lunes, 30 de abril de 2012

Después de pasado el temporal que azotó estos días las costas del Cantábrico, había que mover un poco el Itaca ya que sino la dirección se endurece al resecarse la grasa lubricante, ademas quería probar un artilugio que había comprado por internet para pescar. La oportunidad me parecía buena el domingo, pero cuando llegué al puerto arreciaba el viento del NW que añadía fuerza a las olas de mar de fondo que venían en la misma dirección.

Decidí poner rumbo hacia las aguas de la Playa de Otur, ya que si la cosa se ponía peor mejor es ir a favor del viento que no en contra. La verdad es que nada mas pasar la Punta del Focicón que está a la salida del puerto, me di cuenta que sin el Grumete -que esta vez decidió no acompañarme-, me costaría trabajo hacer las pruebas previstas ya que tenia que soltar el timón y navegar despacio mientras soltaba hilo, pero el viento y las olas enseguida me ponían la embarcación de costado dificultando las pruebas.

Alfin lo conseguí -no sin esfuerzo-, aunque me costó un par de enredos, así que viendo que el viento seguía aumentando decidí poner rumbo al puerto. Por lo menos pude disfrutar de los acantilados que van desde Punta Muyeres hasta la playa de Otur.


Faro de Luarca (Punta del Focicón)

Saliendo por la enfilación.

El cabo Busto al fondo


Punta Muyeres a babor


Acantilados


La mar y el viento no permitian una navegación tranquila.




jueves, 19 de abril de 2012


Aquí está el Itaca, aguantando el temporal en el puerto de Luarca. Esta foto corresponde al día de ayer, donde el temporal pegó con fuerza en la proa del barco. Fuera del puerto olas de mas de 7,5 metros agitaban este Cantábrico nuestro que cuando se enfurece nos hace sentirnos insignificantes ante la fuerza de la naturaleza.

Espero que las amarras aguanten los tirones de las olas y de la corriente que se genera al pasar por este embudo que es la entrada a la dársena del puerto. Las fotos restantes muestran la fuerza de las olas golpeándo contra los espigones que protegen el puerto.

A pesar de las obras que se realizaron para proteger el Museo del Calamar, podemos apreciar que el agua golpea la puerta de entrada como diciendo ¡Esto es mío! a unos 100 metros el Itaca y yo pensando que ya es hora que se calme.

Este Cantábrico ¡Tan bello y tan bestia!


Los cabos que sujetan el Itaca sufriendo lo suyo



Dentro del malecón 


No es un río, es la corriente en la bocana del puerto









Fotos cedidas por Kike Kuy Candeal
Gran amigo, servidor de La Cruz Roja y que tiene La Mar como pasión.







lunes, 16 de abril de 2012

En la pesca con cebos artificiales tengo que reconocer que hay una parte emocional en mi a la hora de elegir señuelos, aunque siempre tratando de buscar los productos que me parecen mas innovadores y novedosos, a veces me dejo llevar demasiado por mi imaginación.

El otro día estábamos pescando mi hijo y yo a jigging cuando por un fallo del material, perdió el jigg que estaba utilizando. Al buscar en la caja me dice que no tiene mas del mismo color y que le estaba dando buen resultado ¿picarán a este verde? Yo le contesto que si, que igual que al que tenia. Estoy convencido que si hay pesca y está en actividad alta, no se fijarán tanto en los colores como en el movimiento del señuelo.

El resultado fue que no hubo diferencia, a menos sustancial, entre las capturas de su jigg verde como del mío. Otra cuestión es cuando ya no están con una actividad alta, entonces quizás sean mas proclives a atacar un señuelo de un color que de otro. Aunque claro está, hay que tener en cuenta que no es lo mismo emplear un señuelo de 35g que uno de 200g, al igual que no se pesca de la misma forma con un vinilo que con un paseante, un minnow o un popper. Así que cada maestrillo tiene su librillo.

Estos son algunos de mis señuelos, cada uno para su momento... y sino dan resultado siempre trataremos de buscar en nuestra bolsa otro color, otra forma otro tamaño...


Sebile, al moverse los líquidos interiores imitan sangre


Sebile, profundizan muy bien y navegan mejor


Hart, versión barata que me da buenos resultados


Sebile, al moverse genera imitación de escamas


Rapala


Sebile, un paseante con el que también se puede  cacear, genera escamas


Sebile, articulado que se hunde rápidamente ¡fantástico!


Sebile, pequeño pero matón y lances largísimos


Vinilo


Vinilo


Vinilo


Las lubinas y dentones no se resisten a estos dulces


Gominolas para los abadejos


Inchikus


Jiggs


Jiggs

lunes, 9 de abril de 2012

Llevaba días planeando las vacaciones de Semana Santa para dedicarlas a salir a la mar, sin embargo el tiempo no acompañaba, jueves y viernes con mar de fondo y viento, muy mala mar para dirigirse a los pesqueros que tenia en mente. El sábado empeoró la situación, ya que la lluvia había crecido el río Negro y el agua estaba color chocolate con el puerto e inmediaciones lleno de palos como siempre que hay riada.

Ya estaba dispuesto a resignarme y esperar a una nueva ocasión, pero el domingo apareció con un sol radiante y sin viento. Bajé hasta el puerto a dar una vuelta y la verdad, apetecía salir a disfrutar aunque solo fuese -que no es poco- de la brisa marina.

Me llama por teléfono mi hijo Segis y le comento que el tiempo había mejorado y que por la tarde saldría a la mar, a lo que raudo me contestó que si le esperaba para salir juntos. Hay que ver la afición que tiene mi vástago primogénito ya que estando a cien kilómetros del barco, cuando llegué al puerto ya me estaba esperando.

Embarcamos, preparamos cañas y aparejos y salimos con cuidado, esquivando todos los troncos y ramas que flotaban en el puerto para dirigirnos al pesquero poco a poco, disfrutando del mar que al alejarse de la desembocadura del río el agua estaba mas clara. No importaban tanto las capturas como disfrutar del dia, pero al fin y al cabo íbamos de pesca...

Parece mentira lo que está cambiando el Cantábrico, especies que antes eran extrañas o escasas en este mar, empiezan a ser mas habituales. Los sierras aparecían en verano, pues bien da la impresión que algunos han decidido quedarse aquí todo el año.

Una picada fuerte, una lucha potente y poderosa dobló la caña con fuerza. En la pelea enseguida se apreció que no era una lubina, ya que estas afloran a la superficie para defenderse y este pez parecía empeñado en no dejarse ver. Inexorablemente fue asomando sus fauces poco a poco hasta entrar a la sacadora, su lucha había terminado.


Sierra

Realmente estos peces tienen un aspecto increíble, sus fauces demuestran que son unos superdepredadores del mar, solo hay que fijarse en el tamaño de su boca y en los temibles dientes para darse cuenta que cuando están de caza son implacables. Aunque como no están en la cima de la cadena alimentaria también tienen sus enemigos, el otro día pescamos uno que tenia mordiscos del ataque fallido de algún "bicho" que lo quiso comer.

Seguimos hacia otro pesquero, en busca de nuevas sensaciones, y ya estábamos dispuestos a regresar cuando una soberana picada hizo estremecer nuestro cuerpo, esta vez si -decía Segis- esta vez si.

La lucha fue larga, porque nunca sabes como está enganchado el pez y si se fuerza puede desgarrar o abrir el anzuelo, así que poco a poco, controlando la deriva del barco para arrimar el pez al costado que mas nos conviene. La adrenalina se va acumulando y solo se libera de manera brusca cuando ¡por fin! metemos a bordo un precioso dentón.


Denton

Estos peces son de lo mas esquivos por lo que es difícil capturarlos, como cosa curiosa al sacarlo a bordo vimos que tenía un mógaro en la boca que creo se acababa de tragar, es evidente que lo pillamos en la hora de la merienda.


Mogaro


Segis con el denton

Ponemos rumbo a puerto disfrutando del atardecer y con un rapala moviéndose por la superficie. Las agujas siempre al acecho de todo lo que se mueve enseguida hicieron acto de presencia y no dejaban de mordisquear el cebo.


Aguja

Un desenganche rápido y de nuevo a surcar los mares. Menos suerte tuvo este pequeño abadejo también llamado ferrete que tragó de tal forma que fue imposible desengancharlo sin herirlo de muerte, lo siento por él.



Ferrete

Decidimos dar por finalizada la jornada, así que aumentamos la velocidad para dirigirnos a puerto, una vez dentro del mismo, nos avisan que hay una lancha de madera averiada y que viene remando, así que salimos a buscarle, porque tirar de una embarcación de 6 metros de madera, con el peso del motor y el mar que se había levantado -las olas ya eran de unos dos metros- no creo que sea plato de gusto. Así que ya se sabe hoy por ti, mañana por mi. Así es la mar.


miércoles, 4 de abril de 2012

El otro día comentaba un colega en esto de la pesca que siempre sacaba un cabracho pequeño, como si esta especie estuviera abonada. Me resultó gracioso porque a nosotros nos pasa también casi siempre que pescamos a cebo natural. La verdad es que son unos peces muy llamativos, aunque es preciso manejarlos con cuidado antes de devolverlos al mar, ya que tienen unas púas con veneno que nos pueden fastidiar al día.


Cabracho