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miércoles, 18 de enero de 2012

Una pequeña lesión muscular me va a mantener unos días alejado de la pesca, así que como no puedo ir de pesca aquí dejo las vivencias de un día de primeros de octubre.

Salida temprano, la mar estaba hermosa y la temperatura del aire estupenda, así que nos dirigimos a probar un poco a los chipirones, no es que hubiera muchos pero lo que está claro es que si no se remojan los señuelos no se pesca ninguno. Después de aproximadamente una hora y media teníamos embarcados seis o siete de los que llamamos "de rellenar" y decidimos cambiar de tercio

Pensando en los abadejos y las lubinas arrancamos el motor y ponemos rumbo a un pesquero donde el dia anterior los peces se habían asomado, ya que teníamos constancia de que dos hermosas lubinas pasaron  por la borda de un barco amigo. Pero como la pesca es como es hoy no querían y solo un sabroso sanmartín que debía andar despistado pudimos poner al lado de los calamares.

Arrancamos el barco con intención de variar un poco la posición y observamos ebullición en la superficie del mar, las gaviotas se lanzaban en picado sobre los peces que saltaban en la superficie y huian despavoridos, estaban siendo atacados ¿por quien?

Según nos acercábamos comprendimos el terror de los peces que huían, unos peces fuertes, rápidos, incansables estaban comiendo, eran sierras de un tamaño de unos tres kilos. Decidimos lanzar los aparejos y empezó la fiesta, no hacia falta ni lanzar lejos, ni mover mucho el señuelo, a veces nada mas caer al agua ya lo mordían con fiereza. Como había que disfrutar del día, del momento y de la pesca, nos lo tomamos con calma, empleando aparejos que dieran alguna oportunidad de defensa a los peces y mas disfrute a nosotros.


Cuando la actividad parecía desaparecida, solo había que ojear el horizonte en busca de las gaviotas y poner rumbo de nuevo a la fiesta...

De regreso a puerto fuimos escoltados por los delfines un buen trecho, de vez en cuando saltaban en nuestra proa como queriendo indicarnos el camino. Un buen día para recordar que demuestra que en la pesca es bueno planificar pero que la planificación debe ser cambiada para adaptarse a las circunstancias que se puedan presentar.