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miércoles, 12 de septiembre de 2012

Jornada al bonito en el POLIN


Para el sábado pasado las previsiones del tiempo eran buenas, el viento desaparecía y el mar se calmaba totalmente, si a eso añadimos un dia de sol espléndido y una temperatura veraniega encontraremos el dia ideal para ir de pesca.

Carlos, armador del Polin, un barco de una eslora de unos 9 m y muy buena manga, me invita a acompañarles al bonito, así que el viernes nos juntamos para planificar la jornada y quedamos para las cinco de la mañana, hora mas que suficiente para poder soltar las caceas con los primeros rayos de sol en el lugar de pesca.



El equipo lo formábamos, Carlos, Ramón, Miguel, Chisqui y un servidor (Ulises) todos con gran ánimo y voluntad para disfrutar de la jornada con pesca o sin ella.

A la hora prevista y una vez conseguido el pan que era lo que nos faltaba de la intendencia, salimos del puerto de Luarca con rumbo al pesquero. La noche estaba cerrada y obscura, no se vislumbra ninguna luz por los alrededores y el radar no marca ningún barco, salimos con prudencia las primeras millas tratando de ver en la obscuridad no vaya a ser que nos llevemos por delante a algún bote de los que van al calamar -que son ellos muy madrugadores-.

En rumbo y a velocidad de crucero, los 15 nudos que llevamos nos resultan placenteros y nos animan a la conversación. Al timón va Ramón ya que Carlos prefiere hechar una cabezadita mientras llegamos a la zona y como es noche mucha atención al radar y al AIS.

Ya en el pesquero lanzamos los señuelos, primero los tres de popa y luego los dos que van en cada tangón empezando por los de babor. Aseguramos las cañas, regulamos los frenos y a pescar. Todos atentos, unos a la proa en busca de indicios que nos señalen la existencia de carnada, otros a popa sin perder la atención a las cañas y carretes, Ramón y Carlos alternándose al timón sin perder de vista la sonda para intentar localizar manchas de carnada.



Va pasando el tiempo y de repente la caña central de popa se dobla y el carrete empieza a sonar, Chisqui siempre atento sujeta la caña y empieza a cobrar la pieza, entonces la caña de babor da la misma señal, en ella se pone manos a la obra Miguel y para no ser menos la caña de estribor tambien pone música a su carrete. La verdad es que no son piezas que den mucho trabajo con unos equipos preparados para animales de mayor envergadura, así que subimos las piezas a bordo sin problema y con la alegria de que ya no vamos de vacio para casa.



Cada poco recibimos la visita de los delfines que nos deleitan con sus saltos y cabriolas, se ven a lo lejos y en un momento los tenemos pasando por la proa, se quedan, vuelven a adelantarnos, es como si quisieran decirnos algo. Luego se van a la velocidad del rayo y desaparecen.

Las pardillas están al igual que nosotros buscando comida y deambulan de un lado para otro sin localizarla, seguramente la tropa de delfines obliga a esta marabunta de peces que sirven de alimento a los mas grandes a refugiarse en las profundidades.



Así va pasando el tiempo, yo que no me desanimo nunca seguía con la esperanza de que entrara algo mayor, en cualquier caso el disfrute del día estaba siendo muy bueno. Como siempre suele pasar, cuando menos lo esperas, la caña central de popa da el aviso y esta vez se ve que al final del hilo algo tira con mucha fuerza a tenor de la velocidad de salida del hilo y teniendo en cuenta que el freno del carrete está regulado para soltar, pero no nos engañemos que hay que tirar con ganas para que la carraca suene y suena como si fuese una sirena que anuncia que un torpedo va hacia las profundidades.

Como siempre Chisqui es el mas rápido en coger la caña que cede a Ramón -este es para mi- dice Ramón y se prepara para el combate a la vez que yo me pongo a filmar con el móvil, así que mejor que contarlo es disfrutarlo en el video, donde al final un certero Miguel da gancho a la pieza y no pensar que su profesión es ganchero sino que es médico ¡Que precisión!



Ramón graba con su móvil escenas del barco y nos entrevista para que contemos nuestras impresiones que no pueden ser mas satisfactorias, disfrutando de un explendido dia de pesca en muy buena compañía.



Al final el sueño empieza a hacer mella en mi (habia dormido solo dos horas) y decido tumbarme un poco en el camarote; me dice Chisqui -duerme tranquilo, si hay novedad te aviso- para mi fue un minuto ya que el acunado del cabeceo del barco al navegar me acababa de dormir. De repente siento el motor acelerar y me despierto, ya ponemos rumbo a puerto, las cañas y tangones recogidos, la cubierta baldeada, la cocina limpia… y yo durmiendo a pierna suelta, me dicen que no me despertaron al ver lo agusto que estaba. Gracias amigos.


Ya en el puerto unas fotos de rigor para el recuerdo...